"Granos Básicos de Probeta"
Al comienzo de Mayo pasado, el parlamento aprobó la ley que permite el uso de semilla transgénica en El Salvador, como una medida que responde a ser una alternativa para garantizar la seguridad alimentaria en nuestro país que fuertemente se esta viendo afectado por factores externos, pero cuya vulnerabilidad es interna y se ampara en el triste hecho que no se alcanza a producir para el mercado interno.
Un transgénico es un organismo vivo manipulado genéticamente, es decir, se aísla parte de su código genético y es introducido en el código hereditario de otro; es crear especímenes que no existieran normalmente en la naturaleza. Este es un tema de por si polémico, y es que desde que se cultivó por primera vez una planta transgénica allá por 1983, hasta hoy en día no se conocen con contundencia el tipo de efectos que estos puedan causar en la salud o el medio ambiente, acá es que radica precisamente la controversia, en esa ambigüedad, en esa incertidumbre de no saber si los efectos son completamente beneficiosos o al contrario en el hecho de desconocer los riesgos inesperados a la aparición de nuevas respuestas o reacciones metabólicas, nuevos tóxicos en la agricultura en caso que todo esto hipotéticamente existiera y se lograra comprobar, pero el riesgo que si es real y lamentable es la contaminación genética por cruzamiento y la perdida de biodiversidad.
Debe entenderse la preocupación por adoptar medidas que ayuden a garantizar la producción de alimentos, y precisamente porque no se conocen sus efectos, es que debería experimentarse e investigarse, sin duda de manera muy acertada en ambientes aislados o confinados como una actitud de precaución y responsabilidad. La biotecnología a través del estudio de los transgénicos representa una gran oportunidad de desarrollo científico, pero tampoco representa un milagro para la alimentación mundial. En el mundo y en nuestro país, alimentos hay, lo que no existe son políticas publicas que garanticen o aseguren la igualdad y la sana distribución de los recursos y esta intención es exclusiva del ser humano y no es propiamente de la ciencia o la tecnología.
Lo importante es adoptar una postura responsable ante los retos de la biotecnología, sus aportes a la biología molecular son sin lugar a dudas, practicas que deben continuar; sin embargo, no debe justificarse el hecho de convertir a nuestro medio ambiente en un gigantesco experimento para solventar cualquier tipo de ideas o intereses. Tampoco la biotecnología o la ingeniería genética representan conceptos oscuros o peligrosos, debe verse como espacios para la investigación biológica y oportunidades de desarrollo de nuevas formas de producción. Todo esto resulta término neutro y se vuelve más o menos positivo dependiendo del contexto en que sea aplicado. Es mas, los transgénicos podrían contribuir a la creación de una agricultura sostenible, siempre y cuando sepan orientarse esos esfuerzos.
Una ley de semillas transgénicas, ¿Ahorita? ¿Para qué? Si aun hace falta mucho para que nuestra tierra despierte y vuelva a convertirse en esa tierra que nos sustenta, en esas fértiles campiñas, en esos campos donde ondulan las doradas espigas. La intención es sana, una buena idea, eso no hay que dudarlo, pero porqué pensar en poner el techo de una casa si las columnas aun no están listas.
